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Vladimir de la Rosa

Vladimir es cubano y canta la voz de tenor. Desde niño, a Vladimir siempre le ha fascinado la música. Los cuartetos y grupos siempre cautivaban su atención y le hacían sentirse más cerca de Dios. Desde los 9 años, cuando se bautizó en la iglesia adventista, Vladimir siempre se destaco por su pasión y amor hacia la música, cantando como solista. A la edad de 15 años, Vladimir formó parte de un cuarteto juvenil  junto a otros jóvenes quienes soñaban poder cantar como los Heraldos del Rey y poder así alabar el nombre de Dios como ellos lo hacían.  En el año 2002, Vladimir tuvo la oportunidad de viajar a los Estados Unidos y desde su primer sábado en la iglesia local de Tampa se dió cuenta que habían muchos jóvenes talentosos allí.  Dos semanas después de haber asistido a esta iglesia, Vladimir fue invitado a formar parte de un pequeño grupo de jóvenes que tenían un tremendo deseo de alabar a Dios. “Second Chance” fue el nombre que todos encontraron adecuado para este grupo, cada uno tenía una historia personal por la cual estar agradecido a Dios y poder disfrutar de una segunda oportunidad. Vladimir está felizmente casado con Ivette de la Rosa, juntos tienen dos hijos, Dominic y Annette de la Rosa, y para él esta es la bendición más grande que Dios le ha dado. Vladimir disfruta del privilegio de predicar el mensaje de vida eterna junto a su esposa Ivete y sus hijos. Vladimir le agradece a Dios por el privilegio de formar parte de este ministerio y por la familia tan hermosa que le ha dado.

 

Mensaje Personal:  Para un jóven cristiano que le gusta la música y Dios le ha dado el don del canto no hay mayor privilegio que el de poder pertenecer a un ministerio musical y dedicar sus talentos en la proclamación del mensaje de salvación.  La música me ha servido como alimento espiritual en los momentos más difíciles de mi vida cristiana. Dios tiene un plan para ti y El lo ejecutara cuando tú estés listo para llevarlo a cabo. Nunca pierdas la fe. Dios te ama y nunca se aparta de ti. El puede cambiar tu vida en un segundo y hacerte una herramienta poderosa bajo su influencia y poder. Recuerda que Dios siempre está dispuesto a darte una Segunda Oportunidad. Te exhorto a exclamar cada día: “Jesús y yo, amigos por la eternidad”.

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